El primer reencuentro



Al llegar al portal nos buscamos
como dos estudiantes en celo,
un piso antes del séptimo cielo
se abrió el ascensor...
Nos sirvió para el ultimo gramo
el cristal de su foto de boda
no falto ni el desfile de moda
de ropa interior.
 Joaquín Sabina


***

Esa mañana una ligera llovizna bañaba a la ciudad, la humedad se colaba por las ventanas y un viento frío se filtraba por entre las cobijas hasta sus cuerpos tibios; él abrió los ojos con el primer chillido del hijo de su vecina, aún no salía el sol, pero el Distrito Federal despertaba con su característico murmureo de autos, cláxones y gente. “Haría falta vivir más noches como esa para rescatar algo de aquella vida que había dejado en suspenso años atrás”, pensó mientras escribía en una libreta un par de frases aun aletargado antes de salir de la cama.

Casi a oscuras se dirigió a la pequeña cocina, encendió un cigarrillo y preparó café, por primera vez en mucho tiempo no sintió el tedio de madrugar, así que volvió a su habitación en silencio donde ella lo esperaba aún dormida. La vio acurrucada entre las sabanas, los primeros rayos de luz apenas penetraba las gruesas cortinas de esa habitación que por años se había mantenido desierta. “A pesar del tiempo esa mujer seguía conservado esa delicadeza, fragilidad y belleza que veinte años atrás lo volvieron loco”, pensó mientras se acomodaba a su lado. La amaba, lo sabía, eso era una de las pocas certezas que creía tener y la única que deseaba en ese momento.

Cuando ella despertó, lo vio sentado a su lado con una taza de café en la mano y un cigarro en la boca en un silencio hipnótico. Sentía su calor y ese olor a madera vieja y húmeda provocado por el tabaco quemado le causaba una fascinación indescriptible.

-¿Sabes?- le dijo ella mientras se acomodaba en la cama- lo que me gusta más de ti es la poesía de tus silencios-.

Él no alcanzó a entender por qué decía eso, si a lo largo de los años no decir nada lo había metido en múltiples dificultades con sus demás parejas, ya que el silencio, pensó, no es lo que precisamente espera una mujer de un hombre que se dice poeta.

-¿Sabes?- se apresuró a decir- precisamente eso es lo que no soporto de ti, tus silencios que pueden prolongarse años y los que vuelvo poesía con versos mudos, a veces quisiera alargarlos tanto como para llenar 100 mil páginas con 300 litros de la tinta azul, como con la que hoy recorro tu cuerpo, pero me resulta imposible. El deseo de verte me asfixia y regreso y por un momento me olvido de que te fuiste y te siento junto a mí y me sorprendo a mí mismo intentado saberte sabiendo que nunca te sabré.

-Sigues siendo el mismo, aun en tus reproches eres tierno. Además, yo nunca te dejaría saber eso, el día que me conozcas te dejaría de ver para siempre; qué interés puede haber en algo que se sabe de memoria, cómo puede ser divertido un viaje que se ha hecho mil veces y en el que no ha cambiado nada. Nuestro amor es cíclico, vamos y venimos uno del otro, tú con tu versos me acercas, yo con mis silencios llego a ti. Es una locura, lo sé, pero espero el día en que estemos juntos para siempre, aunque sé que nunca pasará-.

Sin darse cuenta se había ensimismadode nuevo, deteniéndose en cada comisura, tratado de comprobar que no se tratara de uno de esos sueños que se había inventado a lo largo de los años. Hacía años que no despertaba con la certeza de saberse feliz, no pleno, pero sí poseedor de una felicidad que aunque pasajera era tan real como la presencia de ella en su cama. Se detuvo un momento a observar sus ojos verdes, su mirada lo ofuscaba y sus labios, que hacia tanto no probaba y cuyo sabor aún mantenía fresco en su lengua, lo instaban a volcarse en ellos sin decir media palabra.

-¿Por qué me miras así?- preguntó ella.

-Veo todos los caminos que aún me faltan por recorrerte. Me doy cuenta que todavía son muchos y que si pretendo recorrerlos todos tengo que darme prisa ¿Te das cuenta de todo los rincones que hay? ¿De las palabras que hay para decir te amo y que nunca te he dicho? ¿Los miles de ángulos desde dónde podría ver tus labios y todo tu cuerpo? Hay tantos lugares comunes de tu cuerpo por los que no he pasado y en los que me gustaría detenerme toda una vida-.

-Toda una vida- reflexionó- ese es tiempo justo en el que planeo quererte, toda esta vida. Porque la próxima en que no encontremos voy a amarte y tal vez la siguiente te odie por no estar a mi lado toda la eternidad. Para amarte siempre me hará falta tiempo y eso es lo que menos tenemos tú y yo; mucho menos ahora que afuera nos están esperando y que al salir tenemos que vernos como desconocidos, como dos transeúntes que chocan en la calle, se reconocen y sin embargo siguen sus caminos, matando todas las vidas posibles que podrían entramar juntos.

-Pero, después de todo, tu vida allá fuera no es tan mala, ahí te espera tu esposo y tu hijo, mañana la fiesta con tu hermana, el lunes preparar el desayuno, la siguiente semana tu viaje a Europa; a mí lo único que me espera es una torre de trastes sucios, un pescado masoquista que se niega a morir, mis libros, un par de entrevistas con gente que no soporto y un ciento de hojas en blanco que sé que me resistiré a llenar en los próximos días.

Sus voces a penas se oían en la habitación, los ruidos de la calle penetraban rompiendo aquel hermético sitio que deseaban mantener lejos de todo lo que no fueran ellos dos -es imposible no regresar a la realidad- pensó él de nuevo ensimismado.

-¿Por qué te quedas callado?-.

-¿No te das cuenta? Se hace tarde y no quiero que te vayas, el tedio de la vida sin ti me está empezando a carcomer y aun no sales por esa puerta, no sé qué haré los próximos días. Es horrible regresar a la vida cuando tu corazón se ha quedado manco y no encuentra sitio en donde apoyarse para seguir caminando, además, ¿Te gustan me quede callado, no?-.

-Te dije que me gustan tus silencios, no que te quedes callado y no me digas nada, en tus silencios me dices todo, te vuelves transparente y puedo entrar a ti, sé que te conozco y me gusta saber que hasta tú eres vulnerable. Cuando te callas, te encierras en ti mismo y no dejas que salga o entre nadie, te vuelves un desconocido, distante, lejano y casi siento que te odio. Además todavía es temprano y tenemos un par de horas-.

-Un par de horas no son suficiente, tú misma lo acabas de decir, los que nos hará falta siempre será tiempo. A veces pienso que sería mejor acabar con este sueño y despertar a la realidad, de esa de donde venimos y en la que éramos medianamente felices. Cada uno con su vida simple, con los elementos suficientes para vivir sin el mayor riesgo. Pero a estas alturas volver me parece imposible: te amo-.

-El amor es una locura que lleva a los hombres a vivir el mayor riesgo, que los vuelve transparentes e irremediablemente vulnerables. Quizá por eso las personas le temen, le huyen y se conforman con retazos de relaciones que las hagan sentir menos solas. Eso fue lo que nos hizo postergar por tanto tiempo este momento. Pero ya estamos aquí y eso es lo que importa. Es tiempo de echar a la basura todos esos retazos de amor que nos salvaron la vida a cambio de sentimientos precarios, evitando que naufragáramos en el mar de soledades de la vida-.

- Quizá tengas razón-

***

Roberto noguez noguez


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