Resaca


Su boca era la misma de ayer, 
aún conservaba el sabor a vino, 
pero en sus ojos, ya sin maquillaje, 
algo había cambiado: 
se sentía vulnerable. 
Así, sin levantar la mirada 
y con la vista atrás,
se fue antes de que el sol 
y la resaca dijeran la verdad.

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