Crucigrama



A veces hacer un poema se parece a resolver un crucigrama, uno juega a rellenar  con letras las casillas del corazón, a descifrar las referencias para atar las palabras  que hablen, por ejemplo, de su boca, a rellenar cuadritos en blanco del alma y a suprimir los negros,  a leer entre líneas  los acertijos ocultos detrás de los vestigios, por ejemplo, de su mirada.

El caos enreda al poeta con las palabras, a veces cuenta sílabas que encajen con su nombre, otras improvisa adjetivos y verbos, también ocurre que el diccionario se cansa en sus manos  y los sinónimos se agotan, pero siempre vuelve al vicio de romperse la cabeza, y si la pista habla de amor la busca a ella, si llega la soledad comienza de nuevo por la mañana, hasta encontrar en horizontal un te quiero y en vertical también.




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